Madre…, ¿y tus hijos?

y tus hijos

Madre…, ¿y tus hijos?

Por: Raúl Franco Estrada

Sábado 9 de mayo del 2026

Desde la existencia del ser humano, y su conciencia de sí mismo, el origen de todo ha sido una constante incógnita aún sin resolver, ya que el debate continúa entre lo divino y lo material.

Lo cierto es que, más allá de lo que ambas corrientes afirman, la historia de la humanidad enmarca, desde siempre, a un Ser excepcional como el crisol del origen de la creación, sí, ese Ser especial es la mujer, a quien llamamos “madre”, porque es ella la destinada a la gestación, a dar vida a la humanidad.

Sin embargo, lo expreso con respeto, hay quienes no tienen el privilegio de serlo, aun así, se convierten en madres, más allá de la sangre y el especial dolor del parto. Maternidad por adopción.

Hoy quisiera, fuese esa parte romántica de mis líneas la que expresará el sublime papel de la maternidad, sin embargo, me mueve la realidad del dolor que, no imagino, muchas madres están sintiendo al saber, perdón, al no saber nada de sus hijos e hijas.

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Sí, esas Madres, hoy llamadas “Madres buscadoras”, que no tendrían por qué serlo y sin embargo, la incertidumbre de no conocer el destino de sus hij@s, se convierte en objetivo ineludible por encontrar a ese Ser, que es lo más preciado para ellas, no digo que para los padres no lo sea, porque sin importar el parto, los hijos para ellas, las mamás, se constituyen en el sentido de sus vidas, el motor que las impulsa sin importar el desvelo o su propia salud.

“Madres buscadoras” que nada tienen que festejar este 10 de mayo, pues sus brazos serán nidos vacíos y sus manos se perderán en la inmensidad buscando el rostro que hace tiempo no contemplan.

“Madres buscadoras” que quisieran que el silencio se rompiera con la voz de quién hace tiempo les decía “mamá te necesito” y ellas presurosas siempre acudían.

Voz oprimida por ese nudo en la garganta que poco permite respirar y solo surge como estruendoso reclamo al cielo ante la imagen de prendas vacías y restos calcinados.

Hoy, no quisiera pensar que el último grito y suspiro desgarrador fuera: ¡Mamá, mamá, donde estas!

Los hijos son todo y ningún sacrificio es suficiente por ellos.

“Madres buscadoras”, desdeñadas y vituperadas, por algunos que no entienden que su alma está desgarrada y sus manos casi mutiladas por escarbar las entrañas de la tierra donde creen puedan encontrar respuestas a su incansable búsqueda, sin importar que la respuesta sean desechos óseos o cenizas de cuerpos calcinados por la maldad y frialdad de almas corrompidas.

No imagino el grito desgarrador, al tiempo que furioso e iracundo de esa “Madre buscadora”, que por una prenda u objeto tiene la certeza de que su hij@, ya no volverá, que jamás lo tendrá entre sus brazos, que el brillo de su mirada no iluminará la suya, que su sonrisa será solo un recuerdo, y hoy una mueca de tristeza se dibujará en su rostro que el dolor marchita.
“Madres buscadoras” a las que poco importa una “verdad histórica” que se sigue repitiendo con actores diferentes de una carpa con banderas de otros tonos, pero discursos similares, sin intención, interés o sensibilidad.

“Madres buscadoras”, tratando de ser calladas por la burocracia sin metodología o credibilidad, que no satisface ni a unos ni otros.

¿Ahora, de quién es la culpa?, si la “verdad histórica” es pasado y el presente acumula tumbas vacías en los corazones de las “Madres buscadoras”.

“Madres buscadoras”, que el cansancio no merma su ahínco por lograr una mínima señal en donde saben no encontrarán vida, pero igual pretenden un poco de esperanza que les permita honrar a sus muertos, sus hij@s, llorarles, aunque sus ojos pudiesen secarse y su alma se convierta en desierto, como sus manos cansadas por tanto escarbar tierras áridas, tan áridas como las respuestas de quienes siguen aprovechando su dolor en discursos sin hechos, sin sustento.

Impotencia y frustración se palpa en el ambiente de una sociedad que parece ser, espero no suceda, se está acostumbrando a ver las imágenes de madres, que incansables ante la inclemencia del clima o lo agreste de los terrenos, denuncian crematorios o tumbas clandestinas, tan evidentes que increíblemente siguen siendo negadas. Al parecer por no haber elementos científicos que así lo pruebe, valdría la pena conocer la metodología en palabras llanas, que, hasta mentes incrédulas, como la mía, pudiesen entender.

Porque no creo ver un crematorio mamposteado, con gas y chimenea, ni tumbas con lápida y cruz, que comedidamente pudieron hacer quienes a sus hij@s, arrebataron de sus vidas, de sus brazos. No, eso no será.

Porque la “verdad histórica o la posible presente” a nadie importa cuando no hay sustento, ni intención y mucho menos sensibilidad.

y tus hijos

“Las Madres buscadoras”, solas o acompañadas seguirán, seguirán buscando, no lo dudo.

“Madres buscadoras”, sinónimo de impotencia, desesperación, rabia, coraje e injusticia ante la indolencia institucional.

“Madres buscadoras”, consumidas por un dolor inacabable, inimaginable, que no quisiera sentir, y sin embargo siguen de pie a pesar de los embates de quienes quisieran detener su búsqueda.

“Madre buscadora”, callada para siempre por el fuego de aquellos que al igual cegaron la existencia del motivo de su búsqueda, sus hijos, sus hijas y que al fin los encontró en el camino menos esperado, al fin juntos.

Madre, quién enjugara tus lágrimas, besara tus manos cansadas y partidas por buscar a tu hij@ perdido más nunca olvidado.

Madre…, ¿y tus hijos?

 

 

 

 

 

 

Lic. Raúl Franco Estrada.Lic. Raúl Franco Estrada.

Diplomado en Políticas Públicas, Analista político y social, amplia experiencia en el sector privado y los tres niveles gubernamentales tanto en comunicación social, Dirección, capacitación y resolución de conflictos. Conferencista sobre Desarrollo Humano, Relaciones laborales y sociales.
Autor del Poemario Hojas sueltas; relatos como A una niña, Sueño, Romántico, y otros.

Colaborador en medios digitales y columnista de «EXACTO DE MÉXICO»

 

 

 

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