Reunión con la doctora Ana Covarrubias, especialista en geopolítica, directora del colegio de México
El Jicote, Por: Edmundo González Llaca
Martes 27 de enero de 2026
En la reunión de académicos, medios de comunicación, diplomáticos y empresarios- reunión sobre la que escribí la semana pasada-, ahora tuvo como invitada a Ana Covarrubias, Directora del Colegio de México, doctora en geopolítica, con especialidad en las relaciones México – Cuba.
Después de su conferencia magistral hubo preguntas sobre los temas en torno de la realidad internacional; por mi parte le pregunté sobre la responsabilidad social de las instituciones universitarias, fundamentalmente su responsabilidad en la organización universitaria que dirige en estos momentos tan complejos y graves del país. A continuación, la síntesis que hice de su intervención.
“Sin duda que la reunión de Davos será una referencia en las nuevas relaciones internacionales; el parte aguas es el discurso de Mark Carney, ministro de Canadá. Parte importante de la opinión pública tiene nostalgia, pues me dicen, hubiera querido que la Presidenta pronunciara ese discurso, porque ciertamente México hace unos años tenía una voz fuerte en el mundo internacional. Viejos recuerdos que hoy son humo.
Debemos tener en cuenta que el discurso de Davos lo pronunció un ministro de un país industrializado y liberal, si el discurso lo hubiera pronunciado Lula y, por supuesto, la Presidenta, no habría tenido esa trascendencia que hoy tiene.
Carney hace una afirmación contundente: “No estamos ante una transición sino ante una ruptura”. Lo primero que tendríamos que preguntarnos es: ¿Qué es lo que estamos rompiendo? Les respondo. Estamos rompiendo un orden liberal, injusto, que tuvo su inauguración a partir de 1945 con la creación de la ONU. Este organismo internacional es una mezcla de elementos democráticos, que es la Asamblea General, pero también de pragmatismo. Se crea un Consejo de Seguridad formado por un Comité de cinco grandes potencias que dicen qué puede hacerse y que no. Si la Asamblea insiste, estos países simplemente vetan la resolución.
Rompemos con un orden que parte de la conferencia de Yalta, en la que Roosevelt, Churchill y Stalin se reparten sus esferas de influencia. No era un orden al que le debamos mucha nostalgia, era un orden internacional, como es el actual: asimétrico e injusto para los países del Tercer Mundo.
Lo único que sí podemos extrañar es que antes había una narrativa, una narrativa que sí servía, si se rompía, se destacaba interna e internacionalmente; recibía el apoyo o la reprobación multilateral. Había unas mínimas reglas de juego y se respetaban. Podríamos decir que existía cierto pudor en el cumplimiento de la palabra.
En el anterior orden se ponderaban valores como soberanía, integridad territorial; normas para el uso de la fuerza. Todo eso se ha evaporado, solo un ejemplo, ya no sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de soberanía.
El factor Trump todo lo ha cambiado, el orden internacional actual se distingue por su incertidumbre, en la mañana ya no está Maduro y en la tarde puede ya no estar Díaz Canel. Estados Unidos ya no es tampoco lo que antes era: antes tenía una democracia que funcionaba; era referencia de todos los países del mundo. Con Trump en la presidencia ha dejado de ser referencia; si dentro de su país es capaz de romper reglas e instituciones, esto hace fácilmente comprensible, que también pase por encima de organismos y reglas en el orden internacional.
Como él mismo dice: “Su guía de conducta es su moralidad personal”. El secuestro de Maduro es una violación al derecho internacional; extraterritorialidad inadmisible para los países de América Latina.
La más grave consecuencia a los actos prepotentes de Trump es su salida de la ONU, esto provocará no solamente una gran crisis económica en el organismo, sino también es ejemplo que Trump ha barrido con el multilateralismo. La nueva práctica internacional serán los tratados particulares entre los países. Por eso Trump está proponiendo una nueva “Junta de la paz”, integrada con países muy controvertidos. ¿Qué nos está diciendo Trump? La ONU ya no puede arreglar nada, algo en lo que sí tiene razón, ahora seré yo quien ordenará el mundo y mantendrá la paz.
La gravedad de su salida de la ONU es que también dejará de cooperar económicamente con organismos que sí funcionaban. Por ejemplo, organismos sobre refugiados, desplazados, grupos vulnerables, infancia, mujeres.
Carney afirma también: “No volveremos al viejo orden” pero no nos dice cómo hacerlo. La realidad es que los grandes países mantienen su influencia: Estados Unidos, Rusia y China, lo nuevo es que ahora lo hacen en forma cada vez más cruda. Hay una dominación sin reglas. Estas potencias actúan con unilateralidad, un poco dicen al mundo: “Yo voy a hacer esto, manifiesten su apoyo o rechazo; lo haré de todos modos”. Europa trata de recuperar fuerzas, después del Brexit. El poder de la OTAN también está bajo el fuego de Trump. Las potencias medias tenemos poco peso, tal vez Canadá y Australia cuentan en la balanza internacional.
América Latina está fragmentada, como nunca antes, ni cuando había dictaduras el Continente estaba tan dividido. Muchos focos rojos, obviamente Cuba, con un Marco Rubio, presionado por los cubanos de Miami; presión que no le desagrada. En Venezuela aparentemente Daisy Rodríguez tiene la situación controlada bajo la observación de Trump. Nicaragua es otra dictadura que es muy lamentable y ya está en la cuenta regresiva ¿Qué va a pasar cuando se vaya Bukele de San Salvador? Ahora super controlado, pero cuando estas dominaciones férreas se terminan, las consecuencias son impredecibles. Haití, es un país, lo digo con tristeza, que vive desde siempre en crisis.
Regreso a mi idea original, América Latina está fragmentada. El CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, es decir, la práctica del multilateralismo regional, pues está totalmente decaído. Existe una polarización que mantiene a las naciones en grave tensión: Argentina, Chile, Colombia Brasil. El escenario regional no es mejor que el escenario mundial.
En relación con la política exterior de México, lo primero que nos podríamos preguntar: ¿Existe una política exterior? Todos los gobiernos fijan su política exterior de acuerdo con su sentido ideológico; es algo totalmente normal. Cuando López Obrador tomó la presidencia, no le dio importancia a las relaciones exteriores. Redujo las relaciones a dos vertientes: buenas e intensas con los gobiernos, denominados progresistas y de izquierda. Concepto muy discutible, ¿Quién sabe si sean progresistas y de izquierda?
Los márgenes de acción de México en el exterior son muy limitados, estamos más bien solos. ¿Sirve de algo a México la alianza con Cuba, Nicaragua y Venezuela? Las relaciones con Canadá son muy débiles. Lo que parece claro es que el histórico apoyo a Cuba está pegado con alfileres, de mantenerse el costo lo pagaremos en el T-MEC. Existe un grave riesgo, en el momento en el que México deje de enviar petróleo a Cuba, el colapso económico de la isla será cuestión de semanas.
Tanto López Obrador como la Presidenta concentraron su atención y energía en llevarla bien con Estados Unidos. El T- MEC. La contención de la migración, el fentanilo, el envío de delincuentes, sin cumplir nuestras normas internas de extradición. Nos aplicamos de inmediato a sus peticiones, símbolo claro de nuestra debilidad.
En una cosa sí han cambiado nuestras relaciones con nuestros vecinos. Antes, como ahora, respondemos solícitos a sus demandas, la condición era que no se metieran en nuestra política interna. Trump ha deshecho esa condición, sus afirmaciones desdeñosas sobre la Presidenta y el diagnóstico que México está dominado por los cárteles, son gravísimas y evidentemente quitan autoridad a la Presidenta, tanto internamente como internacionalmente. La ausencia de la Sheinbaum de los foros internacionales es prueba que está consciente de su vulnerabilidad y su ausencia de peso.
La repetición de la Presidenta de nuestros principios constitucionales: de “Autodeterminación y no intervención”, se escuchan totalmente fuera del tiempo. Tenemos que ser más pragmáticos ante un Trump impredecible. Antes México era un gallito, potencia media, cuya voz era escuchada y respetada, incluso hasta se pedía nuestra opinión y hasta nuestra conciliación. Tiempos pasados.
Concluyo. Muchos son los temas, espero ansiosa las preguntas y aportaciones de este grupo plural integrado por personalidades que tienen un amplio conocimiento de nuestra política exterior e incluso una gran experiencia en la práctica de la diplomacia. Estoy a sus órdenes”.
Efectivamente, hubo una gran cantidad de interrogantes y sugerencias. Mi intervención fue la siguiente:
“Yo no soy especialista en geopolítica internacional, en general no soy especialista en nada, hay sospechas de mis amigos que a veces entiendo un poco de la política nacional. Le quiero hacer el siguiente comentario y luego mis preguntas. Le informo desde ahora que mis preguntas son más como directora del Colegio de México, que como internacionalista. Le platico. Hace una semana asistió como invitado José Medina Mora, destacado empresario dirigente de una importante organización empresarial.
En su intervención enfatizó que el mayor propósito que debe tener la actividad económica es: el crecimiento económico del país. Sin embargo, no se puede crecer económicamente si no hay inversión. Alertó sobre varios obstáculos que tienen algunos inversionistas. En primer lugar: la incertidumbre, con un gobierno con una clara inclinación al autoritarismo y a la centralización del poder; una prueba muy apabullante es una Suprema Corte que evidentemente está pintada de guinda. Lo que crea incertidumbre.
En apoyo en este diagnóstico de los empresarios, no puedo evitar también citar la cínica declaración de Reginaldo Sandoval, el coordinador de los diputados del PT. “¿Para qué queremos una reforma electoral? ¿Cuál es esa necesidad si ya tenemos al Poder Ejecutivo, al Legislativo y también al Poder Judicial?”.
Medina Mora destacó entonces la importancia de buscar los contra pesos a este poder que pretende ser absoluto y que ha enterrado la división de poderes. Reconoció que cada día existen más personas, principalmente destacados empresarios, que consideran que el único contra peso real ante el autoritarismo, es Trump. Medina Moran manifestó su escepticismo a este contra peso; después de todo, sostuvo, Trump siempre velará por los intereses económicos de Estados Unidos, más que por los de México. Medina Mora consideró que los contrapesos deben recaer en organismos no gubernamentales, como los empresarios mismos.
Por mi parte estoy convencido que, además de los empresarios y algún otro organismo no gubernamental, como Mexicanos Contra la corrupción, para mí, hoy por hoy, el verdadero contrapeso al autoritarismo de Morena son algunos medios de comunicación y líderes de opinión que se aprovechan de esos medios. Obviamente no es suficiente ante el avasallamiento del gobierno y su banda en otros medios de información, además de los esquiroles en las redes sociales.
Creo, estimada Doctora Covarrubias, que también como contrapeso deben ser las universidades. Las universidades ya no son, ya no pueden limitar su responsabilidad a enseñar, investigar y difundir el conocimiento, sino también en estos graves momentos, deben ser instancias morales y éticas de la sociedad. Espacios en los que se discuta en forma libre y plural. Impulsar una República que haga público lo que debe ser público.
Omito reiterar la exigencia de una enseñanza y de una investigación crítica, pues el Colegio de México es una universidad y como universidad de seguro tiene una actitud crítica en todas sus labores académicas. Mi pregunta Doctora es saber: ¿Qué está haciendo el Colegio de México, que tiene una gran autoridad, para cumplir esta trascendente responsabilidad? No basta enseñar e investigar, es indispensable la difusión abierta ante la sociedad, ante un gobierno que se distingue por su cerrazón a los opositores y a todo lo que huela a crítica.
No es lo mismo enseñar e investigar, que hacer el resultado de esas tareas académicas en foros a los que asistan universitarios de otras universidades, ciudadanos y medios de comunicación. Que el micrófono y la difusión deje de ser monopolio de gobierno y de sus medios oficiales. El Colegio de México tiene una reconocida trayectoria crítica, pero también tiene una bien ganada reputación en la organización de investigaciones y foros coyunturales. Aterrizo mi primera interrogante: ¿Qué foros, qué expresiones públicas y abiertas tiene considerado el Colegio de México, programados o por programar, en estos graves y complejos momentos que estamos viviendo?

La Doctora Covarrubias dijo:
“Mis comentarios a su intervención son los siguientes. El Colegio de México, efectivamente, como Usted afirma, tiene una enseñanza y una investigación crítica. Y hay algo que nos preocupa y creo que preocupa a todas las universidades: por influencia y reflejo de la realidad política nacional e internacional, los estudiantes se están polarizando en sus posturas políticas. Estamos difundiendo y promoviendo una actitud crítica pero también la exigencia que debe ser tolerante y respetuosa entre todos los interlocutores. Sin ninguna discriminación de mayorías y minorías, como debe ser la democracia.
Pero algo más, al mantener una postura crítica, asumimos una actitud propositiva. Criticamos y discutimos soluciones. Por supuesto que nuestra intención es participar en los problemas del país, nuestra carta de presentación son investigaciones serias y sólidas para ser convocados por los directamente responsables.
Las autoridades deben estar convencidas que, en proyectos que participa el Colegio de México, son una garantía de seriedad científica y buenos resultados; como plus estamos seguros que nuestra participación provoca confianza en la opinión pública. Ya hay varios proyectos de gobiernos de todo tipo de partidos en los que el Colegio de México colabora con funcionarios. Ese sería todo mi comentario”.
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